Sahara, la hamada inundada

En el Sahara las melfas ya no se utilizan para protegerse del sol. El siroco no arrastra el polvo de la arena y el desierto se ha vuelto húmedo y más hostil que nunca. Hoy, los refugiados saharauis vuelven a encontrarse con el mismo trozo de tierra inhóspito al que llegaron hace 40 años, donde fueron exiliados por Marruecos tras ocupar su país mediante la conocida Marcha Verde y ante la pasividad de España en una zona, donde hoy por hoy aún siguen siendo la potencia administradora ante la ONU.

Las lluvias ahogan los campamentos de refugiados saharauis en Argelia./ Foto: RASD TV

Las lluvias ahogan los campamentos de refugiados saharauis en Argelia./ Foto: RASD TV

El 17 de octubre, en los cinco campamentos refugiados saharauis al suroeste de Argelia, en Tinfuf, amaneció con lluvias. Unas lluvias que levantaron el ánimo del campamento. Un respiro a la sequedad y a la erosión del sol que quema, pero no abrasa la dignidad de un pueblo que resiste en solitario y vetado por la comunidad internacional a la espera de un referéndum acordado en 1991. Sin embargo, durante más de una semana las aguas no han cesado. Las casas construidas en un principio de forma provisional con la simple mezcla de barro comenzaron a desgranarse y a caerse por completo, dejando así a más de 90.000 personas afectadas y 25.000 que lo han perdido absolutamente todo, de las 200.000 mil que se estima que habitan en los campamentos de población refugiada.

Las familias que se han quedado sin vivienda duermen ahora en las haimas  hacinados en lo más alto de las colinas y las que aún conservan algo, se unen a ello en la intemperie por el miedo a que en cualquier momento se puedan derrumbar. Un campamento que ha quedado totalmente, y nunca mejor dicho, desértico y arrasado por las inundaciones que en las zonas como Auserd y Dajla han sido declaradas en situación de “Catástrofe Humanitaria”.

Pero el problema es aún mayor. Se ha perdido la comida, los colegios están derrumbados y las puertas de los hospitales tampoco se han vuelto a abrir desde entonces. Cada vez, hay más personas que necesitan ayuda humanitaria y también será necesario reconstruir las letrinas y retirar lo antes posible el agua estancada de las inundaciones para prevenir enfermedades, la contaminación de las fuentes de agua y el derrumbe de más inmuebles.

Ante esta situación, la ONU se ha comprometido a enviar por vía aérea un cargamento de ayuda humanitaria, pero del presupuesto de la operación de ACNUR para Tinduf solo está financiado al 20%, lo que deja una enorme brecha para paliar las necesidades básicas de los refugiados. Sin embargo, los saharauis ya no quieren ayuda humanitaria, ni solidaridad, ni compasión. Quiere que la Naciones Unidas pongan una fecha a un referéndum de autodeterminación que les devuelva su tierra, su mar y sobre todo, sus derechos. Tanto es así, que la mayoría de los refugiados no quieren volver a reconstruir el campamento más longevo del mundo, incluso los más jóvenes solo ven como única salida volver a las armas. “Estamos ante una mala situación, pero también ante una oportunidad. No veo futuro en los campamentos y por eso hay que tomarlo como un impulso para salir. Si en 40 años no ha solucionado de forma pacífica, habrá que tomar las armas para que los jóvenes saharauis tengan una oportunidad y no vivan abrasados. A nadie le gusta la guerra, pero no nos queda otra opción”, dice resignado Bouscharaya Abdelaziz, un saharaui que ha pasado 23 años de su vida en el campamento de refugiados de Smara y desde hace tres vive en la provincia de Málaga. Pero la decisión de las medidas no son tomadas por un pueblo de forma democrática, a pesar de tener un gobierno formado por la República del Frente Polisario. “Estoy indignado con el gobierno que hemos tenido que aguantar durante años. Hay mucha gente, también en los campamentos, que no le interesa que los saharauis salgan del campamento de refugiados”, critica el joven.

Una vez más, como hace 40 años, las mujeres son las que levantan a las familias. “Ni los hombres, ni el Polisario. El campamento sobrevive gracias a las mujeres”, deja claro Boucharaya. Ellas, a pesar de ser las invisibles, las que pasan desapercibidas tras las melfas son las que salen en busca de comida, ponen en pie las haimas en altas colinas alejadas de las zonas de peligro y reconstruyen las escuelas y hospitales para atender a los más afectados. Ellas no están representadas en los altos órganos  del Frente Polisario, pero son las que al final ponen orden en los barrios, las conocidas dairas, a través de asambleas espontáneas, sacan el ganado y educan a los niños. Ellas viven por y para su pueblo, a la vez que combaten el machismo pelean por su causa. Una situación que no las hace vulnerables, pero siguen siendo víctimas.

Las mujeres saharauis son el pilar de la resistencia en el campamento de refugiados./ Foto: www.entrefronteras.com

Las mujeres saharauis son el pilar de la resistencia en el campamento de refugiados./ Foto: http://www.entrefronteras.com

40 años de esperanza, de resistencia y supervivencia les ha costado para que los borraran del mapa y su causa quedase desterrada a un desierto sin dunas, ni paraísos en la hamada más dura del mundo.

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