La esperanza alimenta el ayuno de Tarbak

Tarbak Haddi comenzó su huelga de hambre para reclamar el cuerpo de su hijo y justicia.

Tarbak Haddi comenzó su huelga de hambre para reclamar el cuerpo de su hijo y justicia.

“¡Justicia, justicia, justicia, justicia!”. Tras 25 días en huelga de hambre, ya casi no le queda aliento, pero Tarbak Haddi saca la fuerza desde donde solo tiene una madre. Perenne desde el 15 de mayo en las puertas del Consulado de Marruecos de Gran Canarias, sus gritos y protestas tratan de romper el silencio que impera sobre las causas de la muerte de su hijo Mohamed Lamin Haidala el 8 de febrero después de varios días de agonía, por una infección en una herida que le habían causado colonos marroquíes en una reyerta en el Aaiún, capital del Sahara Occidental ocupado desde 1975 por Marruecos, y donde España sigue siendo la potencia administradora ante la ONU.
Las mujeres saharauis pelean por su pueblo, por sus raíces desde donde estén. Con esta huelga de hambre, Tarbak no solo espera recuperar el cuerpo de su hijo para enterrarlo y darle la paz, sino que también lucha por el cumplimiento de la legalidad internacional y los derechos humanos de todos los saharauis que viven bajo la presión de Marruecos en sus propias tierras que un día les fueron arrebatadas. Por esta causa, más de 200.000 saharauis viven desde hace 40 años en el exilio en campamentos de refugiados al suroeste de Argelia, en Tindouf, en un territorio inhóspito y en condiciones inhumanas donde apenas llega el agua y escasean los alimentos.
Tarbak Haddi languidece y le cuesta hablar en su cuarta semana sin comer, tan solo hidratándose con agua y azúcar. Esto ha dado lugar a dos ingresos urgentes en el hospital, ambos por hipoglucemia. El sol en la isla abrasa las calles durante el día e hiela las noches con la brisa del mar. Sin embargo, continúa su huelga dispuesta a morir si no se le conceden sus únicas dos condiciones: ver el cuerpo de su hijo muerto y una autopsia que no esté hecha “por los verdugos”, como dice ella. Nadie sabe dónde está el cuerpo de Mohamed Lamin Haidala. Nadie lo ha visto y las sospechas de qué habrá pasado están acabando con la paciencia de esta mujer. “Soy una madre y todas las madres saben lo que es el dolor por un hijo. No puedo aguantar más así. Mejor es la muerte. Para qué vivir si no sé dónde está el cuerpo de mi hijo”, denuncia Haddi.
Buscó y rebuscó. Fue hasta el Sahara ocupado para abrazar el cuerpo de su hijo, pero no se lo mostraron. Incluso, Haddi afirma que las autoridades marroquíes le ofrecieron hasta 90.000 euros para que firmara la partida de defunción, a lo que ella se negó rotundamente para no acabar cómplice de este régimen en la muerte de su hijo y de cientos de saharauis torturados en las zonas ocupadas.
Hasta la esquina donde reposa desesperadamente la angustia de Tarbak han llegado numerosas muestras de solidaridad. Desde constantes manifestaciones por parte de asociaciones y plataformas de apoyo al pueblo saharaui y a Tarbak que reclaman justicia y una solución inmediatas a estas causas, hasta la visita de la inminente activista, Aminetu Haidar, otra saharaui que pasó por una huelga de hambre tras ser expulsada de su tierra, de El Aaiún, por poner saharaui en la ficha de entrada cuando volvía de recoger un premio que reconocía su labor en el ámbito de los Derechos Humanos en Estados Unidos. La huelga de Aminetu, decidida a llegar hasta el final si no regresaba a El Aaiún como ahora lo está Takbar Haddi si no recupera el cuerpo de su hijo, duró 32 días y motivó un amplio movimiento de solidaridad nacional e internacional. La historia se repite.


Sin embargo la presencia de los medios de comunicación y, la acción por parte del gobierno español es nula. Tan solo, se han movilizado para duplicar la presencia policial frente al consulado de Marruecos, pero no precisamente para proteger a la víctima saharaui, sino para controlar y evitar asaltos a la institución marroquí.
Silencio. Silencio y complot es lo que hay por parte del Gobierno de Mariano Rajoy que hasta el momento no ha pronunciado ni una palabra sobre el caso, ni ha tomado medidas para garantizar la vida de Tarbak y que se haga justicia con su hijo, a pesar de que la semana pasada se celebra la reunión de alto nivel hispano marroquí en Madrid. Cómplices de esta pasividad inhumana también es el partido socialista, un gobierno que no puso remedio a la ocupación del Sahara Occidental y que tuvo que esperar a la mediación de Francia y EEUU en el caso de Haidar para encontrar una solución a su huelga.
Pero Tarbak no es la única que pide justicia para Haidala en ayunas. También lo hacía su madre en la puerta de su casa desde El Aaiún para solidarizarse con su hija. Algo que tuvo que dar por perdido el 3 de junio por la represión de la policía marroquí.
Tarbak lo tiene claro. Tras cumplirse cuatro meses de la muerte de su hijo, ella no abandonará aunque le cueste la vida. Lo que pide es más que justo y comprensible. Reclama una autopsia real. Quiere que los culpables cumplan con la justicia. Pero sobre todo, Haddi no descansará hasta ver el cuerpo de su hijo.

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