La gata con botas

Como la gata con botas, más de 160 personas no tienen techo en Cádiz./Foto: Lucía Muñoz.

Como la gata con botas, más de 160 personas no tienen techo en Cádiz./Foto: Lucía Muñoz.

La gata con botas duerme desde hace siete años en un banquillo de Cádiz. Durante un año estuvo atrapada en un hospital por una enfermedad que superó poniendo en juego sus siete vidas. Cuando salió le habían arrebatado su casa y su pasión: la enseñanza. No tiene techo y se esconde bajo unos plásticos. Bajo su pelaje aparentemente suave, no duda en sacar las uñas cuando se topa en situaciones peligrosas.

La gata con botas tiene un nombre y unos derechos que le arrebataron. Tiene razones y argumentos cuerdos que defiende bajo la locura del sistema. Cuenta con la ayuda de algunas asociaciones que le proporcionan mantas y escasa comida. Pero si algo que amansa a esta fiera, es la radio, su fiel y única compañera. “Hay que escuchar la radio para tener viva la imaginación”, me dice con un maullido imponente, mientras se le escapa la risa.

Igual que ella, más de 160 personas deambulan por las calles de Cádiz. Un incremento del 60% de sin techos en la capital en menos de tres años , según Cáritas. Y es que, en ese mismo período de tiempo la ciudad ha visto como las cifras han ido cambiando notablemente al existir en un principio más de 3900 solicitantes de viviendas tanto en categorías de alquiler como de compra y a día de hoy se duplica al encontrar una cifra superior a los 6400 demandantes de hogar, es decir, también un 60% más, según Fernando Vicedo de la Asociación Pro Derechos Humanos de Andalucía (APDHA).

El derecho a la vivienda lo recoge la Constitución española en el artículo 47: “Todos los españoles tienen derecho a disfrutar de una vivienda digna y adecuada. Los poderes públicos promoverán las condiciones necesarias y establecerán las normas pertinentes para hacer efectivo este derecho, regulando la utilización del suelo de acuerdo con el interés general para impedir la especulación”. Sin embargo, en lo que va de año tres personas sin hogar han muerto en las calles gaditanas, tirados en unas escaleras.

El sistema en lugar de aliviar este problema lo ha convertido en un lastre y ha dejado en manos de asociaciones y organizaciones no gubernamentales las competencias sociales que le corresponden. Tanto es así, que los recursos asignados a resolver este problema, un problema identificado y reconocido por la Unión Europea, no son suficientes.

Cádiz cuenta con un albergue municipal supuestamente acondicionado acoger a personas que viven en la calle, sin embargo está gestionado por una empresa privada y pone a disposición de indigentes cerca de 20 plazas rotatorias, de las cuales solo 8 son permanentes y, por otro lado, existen 15 más que ponen a disposición una asociación privada conocida como Caballeros Hospitalarios. En total, menos de una cuarta parte de las necesarias para aplacar la noche en la calle y conseguir al menos, un sueño tranquilo y una higiene mínima. “Necesitamos recursos estructurales, no coyunturales para evitar atravesar el frágil umbral de la pobreza”, apostilla APDHA.

La gata con botas se sienta en el banco, espera y desespera. Ronronea cuando recibe muestras de cariño, pero felina enseña los dientes cuando habla de política. La vida en la calle es dura y, como dice la gata, “asquerosa”.

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