Propuestas de género, un gancho de voto en las Elecciones de Andalucía

Mujeres eligen su futuro y el de Andalucía en las urnas./Foto: S.R.

Mujeres eligen su futuro y el de Andalucía en las urnas./Foto: S.R.

Comienza la jornada de reflexión y la ciudadanía puede hacer balance de las promesas de igualdad de género con las que se han llenado la boca los partidos políticos durante los días de campaña. Los de derechas, los de izquierdas, los que aún no se definen, todos, con un discurso repetitivo, y a veces unos más sensacionalista que otros, buscan el voto fácil de la mujer. Andalucía es la primera en ser llamada a las urnas el próximo 22 de marzo y lo hace bajo un programa que deja mucho que desear en esta materia. Todos ellos apuestan por los mismos objetivos en líneas genéricas: que si acabar con la brecha salarial, más políticas sobre la violencia de género, una mayor conciliación, conseguir la igualdad afectiva. Todos, tienen las mismas aspiraciones propuestas año tras año, pero con vías muy diferentes para conseguirlas. Aspiraciones unas más concretas que otras. Por ejemplo, la creación de una Consejería de la Mujer, por parte de Izquierda Unida; un Área de Igualdad dependiente de la presidencia, en las ideas de Podemos; Incentivos para la presencia equilibrada en el sector público y privado de la mujer, según PSOE; o la presencia femenina en el centro del desarrollo del mundo rural, con el PP. Propuestas electorales en torno a la igualdad de género que a simple vista pueden parecer atractivas, pero que a la vez hay que cuestionar en unas elecciones divididas en dos ligas muy diferentes. Por un lado, está la primera división de la política con PSOE y PP, envuelta en una crispación política que ha perdido la confianza de la ciudadanía, pero que mantiene su estatus mediante los votos “a la estabilidad o responsabilidad”, creando un miedo al cambio. En otra liga diferente, juegan los partidos emergentes, los que tienen la alternativa a otra política posible, y que incluso ya se habla de convergencia, en una comunidad de 9 millones de habitantes que ha sido castigada con un 34% de desempleo y donde más del 35% viven bajo los umbrales de la pobreza. Las políticas de igualdad de género que se han regido en Andalucía desde que se proclamó su autonomía hace 35 años, han ido avanzando muy poco a poco, lentamente, incluso a veces retrocediendo tres pasos para atrás y dando solo uno para adelante. El partido de Susana Díaz, presidenta no electa a la Junta y candidata por el PSOE, habla de nuevas legislaciones contra la violencia de género, de planes contra la trata, explotación sexual y prostitución, también de pe permisos para la paternidad de igual duración que la mujer (esto también lo apoyan Podemos e Izquierda Unida), aprobado por ley pero que a día de hoy no se cumple. Hasta tiene la intención de obligar a las empresas de más de 500 trabajadores a crear guarderías obligatorias, es decir, en esta última instancia, obviando a los casos de personas autónomas o de pequeñas empresas. Hay mujeres que tienen que decidir entre tener un hijo o tener un puesto estable. Existen más mujeres que hombres que tienen que abandonar su puesto de trabajo para cuidar hijos o mayores.

En el lado más tradicional, Juanma Moreno, en el PP, habla de la creación de programas de emprendedoras activas, algo que ya forma parte de las decisiones aprobadas en la Junta de Andalucía, pero que se mueve mediante subvenciones en lugar de incentivos que benefician trabajadores, además de empresas. Los populares también apuestan por una reducción fiscal por la conciliación del trabajo con la vida familiar por cada hijo entre 3 y 5 años, donde se excluye al trabajo de cuidados en una alta franja de menores, ya que legalmente lo son hasta cumplir los 18 y personas mayores de la tercera edad. Propuestas electorales que suenan bien en un discurso, pero que en un trasfondo no explican ni la manera ni el modo de conseguirlo.

En este sentido, el líder de Izquierda Unida en Andalucía, Antonio Maíllo, propone unas políticas en igualdad de género más concretas que ningunas. No habla de planes, medidas o estrategias. En sus discursos lanza llamados para paliar la lacra patriarcal, a acabar con la publicidad con contenidos sexistas y también es el único que habla de la mujer migrante y de su incorporación e inclusión en igualdad. La izquierda de Andalucía defiende en su programa puntos que ya propusieron en otras elecciones, pero que desde la cima de la Junta no se tuvieron en cuenta. Tanto es así, que haciendo caso a los reclamos de la ciudadanía no solo andaluza, sino nacional, también garantiza la posibilidad de que sea la mujer la que decida sobre su propio cuerpo al proponer un aborto libre y gratuito, algo que también reencuentra en las listas de Podemos.

La sorpresa política en estas elecciones vienen de la mano de Podemos con Teresa Rodríguez. Sus propuestas sobre igualdad de género coinciden ampliamente con Izquierda Unida. Su programa hace manifiesto a crear ayudas a mujeres para salir de la prostitución y apuesta por medidas en la ecuación que ayuden a construir unos roles de género justos e igualitarios. No obstante, se pronuncia levemente en materias políticas y lo engloba todo dentro de la creación de un Consejo Ciudadano de Igualdad y y otro para la Participación de las Mujeres.

Los diferentes partidos políticos utilizan la atrayente frase y que tanta fuerza contiene hoy en día de “igualdad de género”, pero no todos hablan del valor del feminismo. En este caso, solo lo utilizan Podemos e Izquierda Unida, incluso este último, a la cabeza con Antonio Maíllo, incorpora un programa exclusivo al ser el único que cita al colectivo LGTB como por ejemplo los derechos reproductivos para mujeres lesbianas, igual que para las heterosexuales. Andalucía tiene ansias de cambio. Tiene ganas de mirar al frente con dignidad. Los nueve millones de andaluces que vivirán con expectativas las elecciones del domingo se enfrentan a lo que podría ser una nueva era. Políticas que pueden cambiar el futuro de una ciudadanía desde la base por construir una igualdad de género en las que todos se vean representados y sobre todo sientan que se respetan sus derechos, donde las políticas estén al servicio de la ciudadanía y no en manos de quienes controlan el poder.

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